¿Puede una inteligencia artificial construir un mapa de procesos?


Hace algunos días vi una publicación en redes sociales que ofrecía un «prompt» para generar el mapa de procesos de cualquier organización por medio de inteligencia artificial. En atención a los comentarios recibidos, la propuesta, al parecer, tuvo mucho éxito.

Aquello me hizo pensar. No por la inteligencia artificial. La utilizo todos los días. La pregunta que me asaltó fue otra: ¿Puede una IA construir un mapa de procesos? Creo que la respuesta es no.

Y no debido a que la tecnología posea alguna limitante en específico. Sino porque un mapa de procesos no es un producto estándar. No existe un mapa de procesos para una municipalidad, una clínica o una universidad. Cada organización desarrolla su propia forma de generar valor. Tiene una historia, una estrategia, cultura, restricciones, personas, tecnología, usuarios distintos. Incluso organizaciones que se ubican dentro de la misma industria suelen operar de maneras muy diferentes.

Por eso es que un mapa de procesos no se inventa, sino que se descubre. Es el resultado de conversar con las personas, comprender cómo trabajan, identificar cómo se relacionan las distintas áreas y representar gráficamente una realidad organizacional que solo existe en esa institución y, por lo demás, en un momento dado.

Distinto sería pedirle a una IA que proponga una cadena de valor de referencia para un determinado ámbito. Eso sí resulta posible. Una inteligencia artificial puede sugerir cuáles son las actividades primarias y las de apoyo de un hospital, de una universidad o de una empresa logística, entre muchas otras.

Ese esquema puede ser un gran punto de partida, pero seguirá siendo una aproximación. Y ciertamente, algo muy alejado de lo que es el mapa de procesos de una organización específica. Siendo esa diferencia no menor.

Sabemos que el valor de un proyecto de gestión de procesos no está en el dibujo final, sino que se encuentra en la conversación que permite construirlo, en las preguntas, en los desacuerdos, en los consensos, en los descubrimientos. Finalmente, en el entendimiento compartido de cómo funciona la organización. Todo eso no aparece como resultado de un «prompt», sino que aparece cuando las personas observan su propio trabajo.

La inteligencia artificial es una tremenda aliada para quienes trabajamos en gestión de procesos. Nos ayuda a ordenar ideas, a preparar talleres, a redactar procedimientos, a revisar documentos, a construir modelos de referencia.

Pero el mapa de procesos sigue naciendo del conocimiento que las personas tienen de la organización en la cual se desempeñan. Esto porque un mapa de procesos no describe cómo funciona una industria, sino que escribe cómo una organización genera valor.

Y eso, al menos por ahora, sigue siendo único e irrepetible.


— Si esto resuena con algo que está ocurriendo en tu organización, escríbeme. Ofrezco una conversación de diagnóstico inicial sin compromiso.


Deja una respuesta